Paul Polman: “Tenemos la obligación de priorizar una recuperación ambiental, que resulta ser la mayor oportunidad para el crecimiento económico”

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En conversación con Revista Comercio, el holandés Paul Polman, presidente de la empresa social IMAGINE y férreo defensor de la ética empresarial y la sostenibilidad corporativa, sostiene que en la agenda de las naciones debería estar la lucha contra el cambio climático, que hace aparecer a la crisis del Covid-19 como la preparación para una emergencia existencial mucho mayor.

En su experiencia personal ¿Cómo la sostenibilidad se convirtió en el foco de su interés y dedicación?

Mis padres ejercieron una gran influencia sobre mí durante mi crecimiento. Vivieron durante la Segunda Guerra Mundial y al igual que a muchas personas de su generación, esta guerra les dejó una gran huella que moldeó sus valores. Creían en la paz duradera, la importancia de las comunidades, invertir en educación y sobre todo, poner los intereses de los demás por encima de los suyos. Esto infundió en mí la fuerte convicción de que debemos retribuir a la sociedad, lo que me hizo querer seguir una carrera como sacerdote y luego como médico. Sin embargo, gracias a cierta serendipia, con el tiempo terminé en el mundo de los negocios. Rápidamente descubrí, quizás contrario a mis instintos, que los negocios, si se realizan limpiamente, pueden hacer una enorme contribución para resolver los mayores desafíos de la humanidad. En este momento de la historia, desafortunadamente estamos enfrentando múltiples crisis sanitarias, sociales, económicas y medioambientales.

Por esto el compromiso de los negocios positivos no puede ser considerado algo exagerado. Por supuesto, los gobiernos deberían asumir el liderazgo en muchas áreas, pero sin que las empresas hagan su parte, nunca vamos a lograr los avances que necesitamos.

A esto es a lo que ahora dedico mis energías. Trabajando en diferentes sectores de la industria para acelerar el liderazgo de los negocios, especialmente en dos de los temas más apremiantes: Enfrentar el cambio climático y la enorme desigualdad. La sostenibilidad se trata sobre todo de no dejar a nadie atrás. Se trata de inclusión ahora y para las generaciones que vendrán, lo que también requiere que vivamos en armonía con el planeta Tierra.

Considerando la crisis generada por el Covid-19 en su opinión ¿Cuáles son los desafíos clave que el mundo empresarial debe enfrentar de manera más urgente?

El sector privado tiene una gran responsabilidad en ayudar a proteger las vidas, su sustento y también ayudar a reconstruir nuestras economías con una mirada más inclusiva y sustentable que permita evitar futuros desastres. El Banco Mundial ha proyectado que el Covid-19 podría empujar de manera adicional a 150 millones de personas a la extrema pobreza hacia finales de este año, la ONU ha advertido de hambrunas “bíblicas” que podrían dejar a más de 250 millones de personas sufriendo de hambre. Se trata de personas reales que necesitan ayuda de manera urgente.

En términos generales, creo que la comunidad empresarial se merece reconocimiento por su rápida respuesta hasta ahora. Se han realizado enormes esfuerzos en el sector privado para ayudar a escalar las soluciones en atención médica y alimentos para apoyar a quienes más lo necesitan.

Hemos visto fabricantes de bienes de consumo produciendo desinfectantes para las manos, a la industria de la moda produciendo mascarillas y al sector de la ingeniería construyendo ventiladores. Todo se logró de manera muy rápida y mediante colaboración. Pero esta crisis está muy lejos de terminar y en este momento necesitamos redoblar los esfuerzos y trabajar aún más duro. También creo que la pandemia ha sido una llamada de alerta sobre nuestro actual modelo económico. Ahora vemos con aún más claridad que la salud humana y del planeta están profundamente conectados y que debemos comenzar a vivir dentro de los límites de nuestro planeta. Hemos degradado nuestros océanos, selvas tropicales, humedales, praderas, amenazado con la extinción a millones de especies en el proceso y es ahora cuando estamos pagando el precio. Es por estas razones que tenemos la obligación de priorizar una recuperación ambiental, que resulta ser, además, la mayor oportunidad para el crecimiento económico.

En el primer lugar de la agenda debería estar la lucha contra el cambio climático, que hace aparecer a la crisis del Covid-19 como la preparación para una emergencia existencial mucho mayor. Se nos están agotando las excusas y el tiempo. No existe un Plan B.

2021 PUEDE SER UN “SÚPER AÑO” PARA LA ACCIÓN CLIMÁTICA

Existe un gran consenso de que se deben tomar medidas drásticas para enfrentar ahora el cambio climático, en su opinión ¿Qué se necesita para avanzar de manera concreta?

Los sucesos de 2020 en muchos aspectos aceleraron las acciones para abordar el cambio climático, mientras más y más gente se suma al debate, vemos las consecuencias de nuestros fracasos. Con la tecnología avanzando con velocidad relámpago, las soluciones están disponibles cada vez más rápido.

Afortunadamente, estamos viendo signos de verdadera esperanza. Los países están actuando. China se ha comprometido a ser carbono neutral al 2060, la Unión Europea, Reino Unido, Japón y muchos otros países apuntan a ser carbono neutral en 2050. De manera crucial, Estados Unidos volverá a suscribir el Acuerdo de París durante el primer día de la presidencia de Joe Biden y además, tiene la intención de organizar una Cumbre Climática dentro de los primeros 100 días de su mandato.
Existen, además, muchos otros hitos importantes este año: China será el anfitrión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP 15) que se enfocará en la protección y recuperación de la naturaleza; la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios y sobre Nutrición para el Crecimiento trabajarán para acelerar las transformaciones en los sistemas alimentarios, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Glasgow en noviembre representan una gran oportunidad para los gobiernos de impulsar significativamente sus medidas para reducir las emisiones de carbono.

Los mercados empresariales y financieros están de igual manera acelerándose, en particular ayudados por las mayores ganancias y valoración que reciben las empresas frente a necesidades futuras. Tesla es solo uno de esos ejemplos. En términos más generales, los fondos ESG están ahora claramente superando a los mercados.

Sería muy bueno para las empresas que se revelara su exposición al carbono, pero además, mediante la descarbonización de sus propios modelos de negocio a través del establecimiento de objetivos basados en la ciencia de los cuales se hagan responsables. Las empresas también necesitan trabajar en alianzas y en colaboración para asegurar que los
gobiernos establezcan sus políticas dentro de los marcos correctos. Se trata de velocidad y escala.

Para mantenernos bajo los 1,5 grados de calentamiento, necesitamos reducir las emisiones de carbono por lo menos a la mitad dentro de los próximos diez años. Aún estamos muy lejos de ese objetivo. No daremos cumplimiento al Acuerdo de París sin coraje y determinación. Pero soy un optimista climático y creo que 2021 puede ser un “súper año” para la acción climática.

– ¿Por qué América Latina debería estar interesado y preocupado por el cambio climático?

Todos los continentes tienen un interés establecido en enfrentar el cambio climático, dado que ninguna región es inmune a su devastador impacto. Es un fenómeno global que nos amenaza a todos por igual. América Latina no es la excepción. Los huracanes en el Caribe están aumentando su severidad; activos naturales como la selva amazónica, que juega un rol vital en la regulación del clima de la Tierra, se está volviendo más sensible a los cambios en la temperatura; y muchos países sudamericanos son vulnerables al aumento de los niveles de agua debido a sus largas costas e islas con poca elevación.

Sin embargo, es alentador ver a América Latina liderando la lucha contra el cambio climático. Durante la reciente Cumbre sobre la Ambición Climática en diciembre, Argentina se comprometió a cero emisiones netas de carbono para 2050 e informó que establecerá una meta de GEI a 2030, que es casi un 26% más baja que sus compromisos anteriores. Costa Rica anunció un nuevo límite a las emisiones a 2030, que está en línea con su objetivo de cero emisiones netas de carbono para 2050. Perú se comprometió a aumentar de 30% a un 40% sus ambiciones para cortar las emisiones de carbono a 2030. Colombia reafirmó sus compromisos y Uruguay manifestó que ampliará sus objetivos.

Por supuesto, Chile, que jugó un rol fundamental en ayudar a convocar la Cumbre, confirmó sus ambiciosos compromisos y se comprometió a reducir sus emisiones GEI a 2025.

Es importante reconocer que el costo de la inacción es ahora más alto que el costo de la acción, por lo que no deberíamos gastar más tiempo discutiendo acerca de la ciencia involucrada o a quién debemos culpar. Además, ya contamos con las soluciones para cambiar nuestro recorrido. Eficiencia energética y diversificación, infraestructura y viviendas sustentables, generación de energía renovable, tecnologías verdes, la captura y almacenamiento de carbono, así como “soluciones basadas en la naturaleza”. Todas estas acciones pueden ayudarnos a hacer rápidamente la transición a una economía de cero emisiones netas de carbono.

Simultáneamente, también proporcionan un mayor retorno a la inversión, crean más empleos y mejor remunerados.

¿Cree usted que la crisis de Covid-19 ha incrementado el apetito de los inversionistas por la inversión sustentable? ¿Qué deberían esperar los mercados en 2021 y en el futuro?

La crisis del Coronavirus sacudió los mercados financieros, los cuales están rápidamente ajustando sus modelos de inversión. Hemos visto importantes ingresos a los fondos ESG y compromisos acelerados para descarbonizar portafolios. Según BlackRock, los inversionistas planean duplicar sus asignaciones a productos sustentables dentro de los próximos cinco años y un 20% de los inversionistas han dicho que la pandemia podría acelerar sus asignaciones de inversión sustentable.

Las recomendaciones del Task Force on Climate-Related Financial Disclosures, que ayuda a los inversionistas a manejar mejor las oportunidades y los riesgos del cambio climático, también están ganando tracción. La señal es evidente, pues 88% de los inversionistas ahora ponen el riesgo asociado al cambio climático en el tope de sus preocupaciones de portafolio. Esta respuesta tardó mucho en generarse, ya que incluso la crisis financiera de 2009, que aún afecta a muchas economías, no impactó lo suficiente al sector financiero como para que abandonara su fascinación por los resultados a corto plazo y la supremacía de los accionistas.

Aún hay mucho más que se puede hacer. Dar más espacio para las inversiones en línea con el Acuerdo de París; mejorar las herramientas, la investigación y el análisis de datos para tomar decisiones ESG mejor informadas. Enfocar más la atención en la “S” (social) para abordar temas como los derechos humanos, estándares laborales, diversidad e inclusión; y aumentar los requerimientos para que las grandes corporaciones deban informar y puedan ser investigadas.

También se necesitan cambios más amplios. El promedio de vida de una empresa listada en el S&P 500 es de sólo 15 años y el promedio de permanencia de los CEOs en sus cargos es de sólo 4,5 años. El ecosistema simplemente no facilita el desarrollo de nuevos modelos de crecimiento sustentable que aborde desafíos y oportunidades a largo plazo.

¿Es este el momento correcto para comenzar a considerar un nuevo sistema económico?

Necesitamos de manera urgente un nuevo modelo de crecimiento económico que promueva la prosperidad compartida. De hecho, durante los últimos años se ha estado construyendo un poderoso movimiento para el cambio social, dado que mucha gente se siente cansada y frustrada por la horrible desigualdad en la sociedad.

Han existido manifestaciones en cada esquina del mundo y necesitamos escuchar los reclamos de la gente. La globalización sin control claramente ha llegado a sus límites, a medida que el comercio internacional y el rápido avance tecnológico ha dejado atrás a miles de millones de personas sin dignidad ni esperanza.

El capitalismo, como se practica actualmente, es una ideología dañada
que no es adecuada para el siglo 21. Ciertamente, la US Business Roundtable, la más apasionada guardiana de los principios del capitalismo ha dado el improbable paso de desconocer la primacía de los accionistas en favor de un nuevo propósito corporativo que sea beneficioso para todos. Esto ha sido largamente esperado, pero al menos estamos comenzando a dar vuelta la página y empezar un nuevo capítulo en nuestro desarrollo económico.

La crisis del Coronavirus sólo ha acelerado la necesidad de un nuevo contrato social, dada la prolongada recesión económica que se anticipa y que amenaza el sustento de millones. Debemos hacer mucho más para construir cohesión social y un buen comienzo sería adoptar el “capitalismo de las partes interesadas”, que pone en primer lugar a las personas y al planeta.

También me gustaría sostener que acelerar el cumplimiento del mayor plan de negocios del mundo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, nos ayudaría a construir una economía global más equitativa, inclusiva y sustentable. Con un valor de al menos US$12 trillones y 380 millones de empleos al año para 2030, en el momento en que más los necesitamos, los ODS proporcionan un invaluable marco que puede ayudarnos a reconstruir mejor.