
En el marco de la jornada inaugural de la XIX Competencia Internacional de Arbitraje —celebrada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile—, el Presidente del CAM Santiago, Ricardo Riesco, presentó la octava edición de la célebre obra del expresidente de Chile, Patricio Aylwin Azócar, “El Juicio Arbitral”, ocasión en la que se presentó también la tercera edición del libro “Estudios de Arbitraje”, libro coordinado por el académico Eduardo Picand Albónicoque, que rinde tributo a la trayectoria y trabajo arbitral del expresidente y profesor de Derecho.
En su intervención, Ricardo Riesco propuso un viaje en el tiempo e invitó a los asistentes a imaginar la Facultad en junio de 1943. Evocó las condiciones de aquella época —Sin IA, sin celulares, ni Google, sumado a inviernos inclementes, aulas frías y sin las comodidades de hoy— para poner en perspectiva el mérito de quienes sentaron las bases del arbitraje y Derecho moderno en Chile.
Fue en ese contexto histórico en donde emergió la figura de un joven Patricio Aylwin Azócar. El Presidente del CAM Santiago, destacó cómo en su juventud, el exmandatario se debe haber enfrentado a un escritorio repleto de textos en español, francés e italiano, dedicando dos años de trabajo riguroso a sistematizar en su memoria de grado, el arbitraje, por primera vez en el país. Aquella obra académica, de inmediato se convirtió en el tratado más completo y fundamental sobre la materia en Chile: “El Juicio Arbitral”.

El discurso también abordó la profundidad histórica del arbitraje en el país. Citando al profesor Eduardo Jequier Lehuedé, Riesco recordó que el primer registro de un arbitraje en Chile data de 1544 —entre Pedro de Valdivia y Francisco Martínez de Vergara—, hito al que le siguieron menciones en las Constituciones de 1822 y 1823, así como en los Códigos Civil de 1857 y de Comercio de 1865. Apoyándose en el propio Aylwin, destacó con humor que el origen de esta figura buscaba evitar los pleitos que devoraban las fortunas y envenenaban la vida colonial.
Riesco enfatizó que, si bien Aylwin no fundó el arbitraje en Chile, sí se convirtió en el primero en explicarlo y sistematizarlo de forma integral, desde un enfoque histórico, funcional y práctico. Asimismo, relevó las dos grandes contribuciones doctrinarias que rescata la obra: en primer lugar, situar la autonomía de la voluntad de las partes —y no la ley— como la fuente primaria del arbitraje; y en segundo lugar, reafirmar con claridad que el árbitro, en el ejercicio de sus funciones, actúa como un verdadero juez de la República.
La presentación concluyó con palabras de Riesco hacia los alumnos y profesores presentes y reafirmando la posición del país en el escenario internacional, como una de las naciones con mayor tradición arbitral en Latinoamérica, un prestigio construido sobre la base de dogmática rigurosa, instituciones sólidas como el CAM Santiago y obras fundamentales que continúan guiando el ejercicio profesional de las nuevas generaciones de abogados.